Puerta

Mira que estoy a la puerta y llamo…

Que estoy en tu puerta. Y llamo.

¿Vas a abrir? ¿O vas a seguir ocultando este amor? El nuestro. Anterior a todo y a todos. Que arde. Que te inunda. Que te llena y te desborda. Que te deja sin respiración para luego soplar y llenar tus pulmones.

Porque sí , sé quién eres y te pido beber. Beber de ti, beber del mundo, beber la vida a sorbos.

Como una niña, vuelvo mi mirada a ti. Como una niña, me siento indefensa ante ti.

D. habla del temor de Dios. Pero no temor a un padre que me regañe, que me juzgue ni que me reproche. Temo a un amante, a su pasión, que me arrastra un lugar del que no quiero salir nunca.  Temo a un amor vivido en silencio y con vergüenza, que no comprendía pero disfrutaba, y que tanto, tanto tiempo he añorado. La pasión, tu pasión ardiente, y tu Pasión doliente que tantas veces me ha rasgado el corazón, me ha herido.

Por ti he conocido el Amor con mayúsculas, pleno, poderoso, sin fisuras. Y por ese amor, he conocido un dolor profundo, de la falta, de la ausencia. Fuertes vientos y tempestades. Y he sentido miedo, en tu barca. ¡en tu barca! He pensado que me caería, me he sentido caer y hundirme. Sin saber confiar en ti, preguntándome por qué tanto dolor, por qué nunca una mano amiga. Preguntándome por el sentido de la propia existencia.

Y como una niña, cuando me has tendido la mano, pese a desearlo, no he podido, no he sabido estirar la mía para asirme. Por miedo. Por culpa. Por vergüenza.

Un mar de lágrimas enjuga ahora mi culpa. Brotan de la herida y limpian la infección. Lavan, purifican, renuevan. Como un nuevo bautismo en el amor.

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