NAufragio

Cuando no estás conmigo, me siento como un náufrago. En medio de un profundo silencio. Sin lágrimas, ni recuerdos, ni música, ni abrazos.

Cuando no estás conmigo.

Cuando te falto. Porque no eres tú quien se aleja, sino yo quien te empuja. Oculto tu mirada, porque si me miras, me penetras hasta los huesos, me atraviesas. Oculto tu silencio. Porque no hay voz en tus palabras, pero resuenan en mi alma como una campana que no para de tañer. Así que las visto de ruido. Ruido y más ruido, hasta que ya no soy capaz de distinguir un sonido de otro, de identificar su origen ni su propósito.

¿Amor? Los náufragos no aman. No añoran. Y con el suficiente tiempo, no desean nada, ni siquiera la muerte.

Cuando te falto, cuando me alejo, me convierto en un autómata. Y mi día se llena de tareas y quehaceres, obligaciones autoimpuestas, sin sentido y sin tiempo para acometerlas. Nunca es suficiente. Y mi corazón muere poco a poco en silencio. Obediente.

Cuando te falto, llega un cierto querer que no sé qué es, que no se adapta a ninguna regla, a ningún modelo. Y entonces, me doy cuenta. Es como tener los brazos estirados en cruz, y en cada mano un amor, y cada amor tira en una dirección. Y diría que me van a dividir en dos pero… ojalá. Eso no pasa, no puede pasar. Porque soy un náufrago, hecho de piedra. Irrompible. La lucha es injusta, hay un desequilibrio en las fuerzas, y para compensarlo soy yo quien hace trampa. Y también tiro. En silencio. Obediente. En contra del Amor. Pero por amor.

Y te dejo ir.

Y me hundo un poco más en la arena. Me alejo del mar. Camino hacia el interior. Hacia Tierra Firme. Te siento en mis pies descalzos. Luna llena. Testigo de mi llanto amargo. Esta noche, reseca está mi alma y pienso…

 

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