Escoger una flor

Me dice hoy Instagram que “fuimos escogidos por Dios para cumplir su propósito”. ESCOGIDOS.

Yo diría CREADOS. Fuimos creados por Dios con un propósito. He escuchado muchas veces este tipo de expresiones, pero hoy, al volver a verla, me pregunto si es verdad. ¿Sólo tenemos un propósito? Más allá de ser felices, amar, ser amados, etc. ¿Sólo tenemos un objetivo, un camino, una meta?

Entonces, cuando yo fallo en mi camino, cuando fallo mi meta, y tomo un camino distinto, que me dirige a un destino diferente… Lo que oigo es un discurso sobre la “libertad”, que el Padre siempre tiene sus brazos abiertos para recibirnos de nuevo, que es el Buen Pastor… incluso, “cómo saber si este es en realidad desde siempre el camino que Dios tenía previsto, y si no has fallado en alcanzar la meta que tenía prevista para ti”.

Y suelo pensar que “el que no se consuela es porque no quiere”. Que cuando cometo un error, el Señor en su Amor infinito, me perdona y me acoge de nuevo, y lo muy afortunada que soy por eso. Sí. Pero, ¿tenemos un solo objetivo, meta, propósito? ¿Fuimos escogidos para algo en concreto?

Pues la verdad, ahora mismo, creo que no. Porque si dijera que sí, si creyera que sí, estaría en contradicción con la libertad que creo que el Señor nos da. Estaría en contra del perdón que creo que nos concede cuando erramos. Y no tendría sentido, a mi entender, el esfuerzo y las renuncias que suponen determinadas elecciones en la vida, determinadas acciones. Los sufrimientos que acarrean, también las alegrías.

Creo más bien que Dios nos escoge a todos, no a cada uno particularmente. A todos. Es una fiesta a la que, en principio, todos estamos invitados. Y sólo los que así lo escogen, entran. Porque a veces entrar supone dar un paso, superar un umbral, atravesarlo. Pero tenemos esa elección.

Y creo más bien que no tenemos un camino escrito, un destino. Que Dios no nos fuerza a cumplir determinadas expectativas, a superar cierto nivel respecto a la media. Sólo nos pide que sea lo que sea lo que hagamos, lo hagamos con alma, con corazón, con perseverancia, con amor. Y con la confianza de que Él nos sostiene, nos acoge, nos cuida y nos ama.

Y en esa libertad, en medio de ella, es donde yo quiero servirle a Él. Con mis mochilas y taras, con mis talentos y dones. Quiero ponerlos a su servicio, a tu servicio. Depósito a largo plazo en el Banco de Dios. Y generar beneficios, ganancias, réditos, en todas direcciones. Si Él quiere. Donde Él quiera.

Y así, ser suya. Siendo tuya M., ser también suya. Porque tú también eres suyo, y en Él nos encontramos. Él hace florecer nuestra vida, y pronto lo verás, estoy segura.

“No te sientas sola, que yo te he creado, tú eres mía” (H. Glenda).

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