A veces la oración es solo eso, oración. Silencio. Contemplación. A solas. Largo rato.

O también miradas furtivas, guiños, un wasap, pienso en ti. Rápidos segundos, los pocos que la vida me deja libre de obligaciones y esclavismo mental, para pensar libremente en lo que quiera, en quien quiera. Y no siempre, pero muchas veces dedicarlos a ti.

Te regalo mi segundo de hoy. Mi minuto. Es tuyo. Como yo.

No se si a veces demasiado. Se repite en mi historia vital eso de recibir “reproches” entre los que me rodean porque dedico demasiado tiempo, esfuerzo, dinero, energía, preocupación… Lo que sea, a tus asuntos. No a rezar específicamente, sino a asuntos más mundanos. Y me generan dudas: ¿hago mal? ¿Debería ocuparme más o mejor de mí, de mi matrimonio, de mi familia, de mi trabajo..?

Siempre, la rueda de la vida. Girando. No para. Y yo con ella, a veces “al timón” , a veces a remolque.

Ahora mismo, en silencio. A tu lado. Con los ojos cerrados. Buscando solo escuchar tu respiración, o el latir de tu corazón, que marquen el ritmo de mi caminar.

Silencio…. Se rueda.

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