acantilado

¿Podemos ser aliadas, en lugar de enemigas?

La espera se me hace eterna, y parece que todo a mi alrededor se mueve, veloz, mientras yo sólo veo su estela borrosa.

¿Podemos acompañarnos, con miradas silenciosas pero no vacías?

Cada día que amanece, sólo espero una llamada, un mensaje, un milagro.

¿Podemos ser cómplices en este tiempo de confianza ciega en alguien más grande, más poderoso, que ha prometido sostenernos?

A veces tengo dudas, a veces desesperanza. Pero juntas quizá podamos esquivar cada piedra.

Si tú quieres, María, Madre mía, mi corazón es tuyo. Mis dudas son tuyas. Mis temores y mis llantos son tuyos.
En tu regazo apoyo mi frente, en tu pecho mi abrazo.
Yo te entrego mi corazón, a tí y a Él, para gloria de Dios. Para gloria vuestra.

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