No debe ser fácil morir. No me refiero al miedo que algunas personas sienten, o a la realidad de dejar cosas por hacer, ni incluso al vacío que queda en quien no muere. No. Me refiero a morir, físicamente. No debe ser fácil. Porque aunque el cuerpo es frágil, y en cualquier momento puede ocurrir una catástrofe fatal, la realidad es que “pocas cosas pasan”. Y con lo poco que hoy en día nos cuidamos, de verdad y no de anuncio, con lo mucho que exigimos a nuestro cuerpo, este resiste y siempre puede seguir adelante. Más. Más. Y más.

He sido injusta, y no lo bastante agradecida con el milagro de mi vida. He presionado demasiado, mucho más allá de los límites, y aún así no los he roto.

Así que solo quiero decir gracias, por cuidar de mí siempre. Por salvarme cada día.

Gracias por amarme cuando yo no lo hago. Gracias por respetar mis tiempos. Por aguardar. Paciencia y amor infinitos.

Quedan muchas batallas por librar. Iremos peleándolas una a una.

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